
Al día siguiente ve a Jesús venir hacia él y dice: «He ahí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es por quien yo dije: Detrás de mí viene un hombre, que se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo. Y yo no le conocía, pero he venido a bautizar en agua para que él sea manifestado a Israel.»
Y Juan dio testimonio diciendo: «He visto al Espíritu que bajaba como una paloma del cielo y se quedaba sobre él. Y yo no le conocía pero el que me envió a bautizar con agua, me dijo: "Aquel sobre quien veas que baja el Espíritu y se queda sobre él, ése es el que bautiza con Espíritu Santo." Y yo le he visto y doy testimonio de que éste es el Elegido de Dios.»
Al día siguiente, Juan se encontraba de nuevo allí con dos de sus discípulos. Fijándose en Jesús que pasaba, dice: «He ahí el Cordero de Dios.» Los dos discípulos le oyeron hablar así y siguieron a Jesús.
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Aún a día de hoy me pregunto si hice bien perdiendo mi fe, y si no todo podría estar mejor si esta siguiera en mí, o se hubiera desarrollado, pues yo la decidí podar, cortar de seco; el agnosticismo no es ninguna religión, y aquello que dige una vez de "yo creo en las personas", a día de hoy me parece si más no utópico; quien sabe, a lo mejor si que necesito creer en algo, quien sabe a lo mejor si que la fe un dia va y se presenta en mi camino. Recuerdo un día, había sido un día muy malo, hará unos cinco años, mire al cielo y dige "Dios mío, porfavor ayudame", la única invocación directa a Él en los últimos diez años, por lo menos.
El otro día hable con una buena amiga, que me quiere mucho (quizás piensa más a menudo en mi de lo que yo en ella, y te pido perdón por esto Marcela), y me dijo que Dios ha aparecido en su vida, tras unas palabras. Ella antes era todo dolor, todo tragedia, se percibía en sus palabras, en su tono de voz, en su voz apagada y tímida; pero el otro día era todo valor, sus palabras parecían las de otra mujer, y su voz la de otro ser. ¿No debería esto hacerme pensar o si más no meditar? Mi parte racional, me dice que no, que Dios, al igual que el amor, o la llegada de un hijo, puede darle una vuelta completa a nuestra psique, pero mi parte menos racional me dice: ¿y si te dejas llevar un poco hacía los lados desconocidos de la fe, del misticismo?
Yo me quedo con la filosofía claro, y a ser posible de Nietzche, o Cioran, pero y si...
Desde aquí, desde este lugar pequeño del mundo, mi pequeño espacio de letras, y hablando con el niño que llevo dentro (aún), vuelvo a pedir, veinte años más tarde, cómo si estubiera aún en la cama de la casa de mis padres, con los ojos cerrados y rezando sin saber: ayúdame, hazme un pequeño favor, ni riqueza ni grandeza, ni lujuria ni mil amores (sólo quiero uno), pero haz que ciertas cosas dejen de ocurrir.

