dimarts, 3 de febrer de 2009

De las tres transformaciones, Nietzsche






De las tres transformaciones
Tres transformaciones del espíritu os menciono: cómo el espíritu se convierte en camello,
y el camello en león, y el león, por fin, en niño.
Hay muchas cosas pesadas para el espíritu, para el espíritu fuerte, de carga, en el que
habita la veneración: su fortaleza demanda cosas pesadas, e incluso las más pesadas de
todas.
¿Qué es pesado?, así pregunta el espíritu de carga, y se arrodilla, igual que el camello, y
quiere que lo carguen bien. ¿Qué es lo más pesado, héroes?, así pregunta el espíritu de
carga, para que yo cargue con ello y mi fortaleza se regocije. ¿Acaso no es: humillarse
para hacer daño a la propia soberbia? ¿Hacer brillar la propia tontería para burlarse de la
propia sabiduría?
¿O acaso es: apartarnos de nuestra causa cuando ella celebra su victoria? ¿Subir a altas
montañas para tentar al tentador?.
¿O acaso es: alimentarse de las bellotas y de la hierba del conocimiento y sufrir hambre
en el alma por amor a la verdad? ¿O acaso es: estar enfermo y enviar a paseo a los consoladores,
y hacer amistad con sordos, que nunca oyen lo que tú quieres?
¿O acaso es: sumergirse en agua sucia cuando ella es el agua de la verdad, y no apartar
de sí las frías ranas y los calientes sapos?
¿O acaso es: amar a quienes nos desprecian y tender la mano al fantasma cuando
quiere causarnos miedo?
Con todas estas cosas, las más pesadas de todas, carga el espíritu de carga: semejante al
camello que corre al desierto con su carga, así corre él a su desierto.
Pero en lo más solitario del desierto tiene lugar la segunda transformación: en león se
transforma aquí el espíritu, quiere conquistar su libertad como se conquista una presa y
ser señor en su propio desierto.
Aquí busca a su último señor: quiere convertirse en enemigo de él y de su último dios,
con el gran dragón quiere pelear para conseguir la victoria.
¿Quién es el gran dragón, al que el espíritu no quiere seguir llamando señor ni dios?
«Tú debes» se llama el gran dragón. Pero el espíritu del león dice «yo quiero».
«Tú debes» le cierra el paso, brilla como el oro, es un animal escamoso, y en cada una
de sus escamas brilla áureamente «¡Tú debes!».
Valores milenarios brillan en esas escamas, y el más poderoso de todos los dragones
habla así: «todos los valores de las cosas - brillan en mí».
«Todos los valores han sido ya creados, y yo soy - todos los valores creados. ¡En verdad,
no debe seguir habiendo ningún “Yo quiero!”» Así habla el dragón.
Hermanos míos, ¿para qué se precisa que haya el león en el espíritu? ¿Por qué no basta
la bestia de carga, que renuncia a todo y es respetuosa?
Crear valores nuevos - tampoco el león es aún capaz de hacerlo: mas crearse libertad
para un nuevo crear - eso sí es capaz de hacerlo el poder del león.
Crearse libertad y un no santo incluso frente al deber: para ello, hermanos míos, es preciso
el león.
Tomarse el derecho de nuevos valores - ése es el tomar más horrible para un espíritu de
carga y respetuoso. En verdad, eso es para él robar, y cosa propia de un animal de rapiña.
En otro tiempo el espíritu amó el «Tú debes» como su cosa más santa: ahora tiene que
encontrar ilusión y capricho incluso en lo más santo, de modo que robe el quedar libre de
su amor: para ese robo se precisa el león.
Pero decidme, hermanos míos, ¿qué es capaz de hacer el niño que ni siquiera el león ha
podido hacer? ¿Por qué el león rapaz tiene que convertirse todavía en niño?
Inocencia es el niño, y olvido, un nuevo comienzo, un juego, una rueda que se mueve
por sí misma, un primer movimiento, un santo decir sí.
Sí, hermanos míos, para el juego del crear se precisa un santo decir sí: el espíritu quiere
ahora su voluntad, el retirado del mundo conquista ahora su mundo.
Tres transformaciones del espíritu os he mencionado: cómo el espíritu se convirtió en
camello, y el camello en león, y el león, por fin, en niño. - -

Friedrich Nietzche, Así hablaba Zaratustra.

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Fácil es leerlo, pero difícil se antoja el lograrlo, el convertir nuestro espiritu en león, y luego en niño. En camello, ya lo tenemos casi todos, pues todos cargamos con muchas cosas, con muchas penas, con muchas luchas. El siguiente paso, será convertirnos en leones, para luchar cómo el dice contra los "yo debo" con el "yo quiero". ¿Y que es lo que yo quiero? Ah! Que pregunta, más difícil de responder, de saber! Me lo seguiré preguntando, quizás veinte años más... 

Convertir mi espiritu en niño, y olvidar todo lo aprendido, y volver a ser inocente y libre, eso si que lo veo toda una proeza, la verdad. Pero lo deberé de intentar, sin dudas. Aunque primero miraré de que mi espiritu sea un león.

Por cierto, Nietzche cuando habla de espiritu lo liga a la razón, y de alma al cuerpo.

3 comentaris:

SHEREZADE on 3 de febrer de 2009 a les 12:36 ha dit...

Fascinante tu entrada pero difícil empresa llevarla a cabo.Camellos en efecto todos somos.Leones..por el yo quiero...me quedo con el lobo ,mi preferido,él es yo comparto...y en cuanto al niño es lo más difícil de conseguir...aunque a veces peque de ingenua,quizás demasiado,tal vez mucho...
Besos y gracias por la traducción eres un sol.

Maria Varu on 3 de febrer de 2009 a les 14:03 ha dit...

Anzili bonica l'entrada, em quedo amb la imatge del nen, de ser nadó.
Un nadó que es sorprèn sempre per tot, que tot li crida l’atenció, que tot és una festa, que tot és novetat, que no veu la lletjor, ni sap del dret, ni d’obligacions... cada dia, cada instant una sorpresa, una aventura. Si a tot això li poses de fons el simbolisme del camell i l’astúcia del lleó quasi tenim el “superhome” aquest ésser capaç de salvar, de superar els obstacles de la vida i ser de cor transparent.
¡Què complicat! Anzili i al mateix temps ¡què bonic!

Una abraçada.

Maria

SHEREZADE on 4 de febrer de 2009 a les 4:05 ha dit...

Anzili,me gustaría que volvieres a mi entrada y leas lo que añadí..Como este no es el lugar adecuado para contar nada sobre mí,quizás con la nota puedas entenderme,.
Besos

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