dilluns, 1 de juny de 2009

de mujeres y ángeles



Nada jocosamente puedo decir, que no hay nada más maravilloso que la vida.


De mujeres y ángeles. 


Su pelo rizado se rizó especialmente esa noche, y los suaves soplos de viento que son la timidez más afortunada que hay en el mundo, pasaron por dentro de sus tirabuzones, silbándole pequeños fa y sol en su oreja puntiaguda. Sus ojos anduvieron por la calle, abiertos cómo siempre, quien sabe si abiertos por la falta de luz que hay en el mundo, o para no privar a los humanos de su belleza, de sus ojos verdes como la albahaca más fresca.

Al cruzar la esquina, se abrieron especialmente, vio enfrente de ese bar, al que todo aquél que no sea bebedor empedernido tiene prohibida la entrada, delante de ese bar que por no tener, no tiene ni sillas; a ese chico de sonrisa miedosa, contando monedas en la palma de su mano, mirando a dentro del bar, cómo calculando el atajo más rápido para entrar, comprar un paquete de tabaco rubio, y no contagiarse de la depresión del alcohol. La sonrisa miedosa del chico dejo de serlo por un día, quien sabe si por la grandeza de la luna que brillaba esa noche, o por los ojos de ella, que lo miraron fijamente rompiendo su delgado caparazón de hielo. A él, se le aceleró el corazón, cómo siempre que se encontraba con su mirada por la calle, que era una vez por año, y por primera vez dejó escapar unas palabras para ella, a las que ella respondió con unos labios rojos cómo las fresas dibujando una sonrisa pícara.

Ella giró el cuello al pasar, buscando aún su mirada, pero él ya se había vuelto a perder entre sus pensamientos, y su cigarro encendido. Continuó andando, pensando en ese chico de mirada castaña del que no sabía ni el nombre, y al llegar a la plaza, se encontró con María, su compañera de placer nocturno y a veces diurno, a la que saludo con un beso largo en su boca carnosa. Las dos se abrazaron, se cogieron de la mano, y marcharon avenida abajo, lejos del ruido horrible de ese pub musical.

Su deseo, estaba firme, aún recordaba con detalle la última noche que pasaron juntas, hacía una semana. Pero no podía dejar de pensar en el chico de la mirada castaña y la sonrisa miedosa; quien sabe, pensó, quizás no amo a los hombres pero si a los ángeles.


En algún lloc d'una nit de mirades

2 de maig de 2009

Alexandre Domènech 


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7 comentaris:

Rafi on 1 de juny de 2009 a les 17:30 ha dit...

Muy bueno ;)

La tribu de las letras on 2 de juny de 2009 a les 1:29 ha dit...

Amb el somriure als ulls, cada vegada que passa al davant del bar, mira per si de cas, troba une ales.
m´agradat molt!!! com tot el que escrius, si ja ho saps..
besets de dimarts per a un 2 de juni.
lyria

Rústica on 2 de juny de 2009 a les 5:29 ha dit...

escolta, has posat 2 de maig en lloc de juny! jaja! i ara veig que lyria ho ha deixat caure també ;-)

Besitos,

Carmen.

Mª JOSE. on 2 de juny de 2009 a les 9:26 ha dit...

ME ENCANTO ANZILI..REALMENTE PRECIOSO.BESOS.MJ

yurenaguillen on 2 de juny de 2009 a les 9:28 ha dit...

Me encanta el título tan clásico de tu relato.
La descripción del encuentro es estupenda y la idea muy original pues encierra la idea de que podemos enamorarnos, o sentir atracción, por cualquier persona independientemente de nuestra inclinación sexual.
Buenos deberes... jejejejje...
Un abrazo grande.

Mireia on 4 de juny de 2009 a les 7:46 ha dit...

Caram, caram, molt bé!!

pitusa38 on 4 de juny de 2009 a les 13:51 ha dit...

Precioso me he enamorado... de tu relato, de la vida.
Un beso

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